LA VISION EVOLUCIONARIA DE LA MADRE

Por Peter Heehs

La Visión  Evolucionaria de la Madre

Por Peter Heehs

 

Mucho antes que Darwin publicara su libro, “Sobre el Origen de las Especies”, las visiones de mundo religiosas y científicas estaban en desacuerdo. Pero después  de 1859, su teoría de la descendencia con modificación – de la “evolución”  como otros la llamaron-  se convirtió en el principal campo de batalla en la guerra entre aquellos que basaban sus vidas en los sistemas tradicionales de creencias y los que se alinearon con los métodos de la ciencia. Esta guerra aún continúa, pero desde el comienzo ha habido pensadores que han evitado el ataque directo  a lo tradicional o a las ortodoxias científicas. A cambio han tratado de armonizar el núcleo espiritual de  la religión con un entendimiento más amplio de la evolución.

Algunos de estos teóricos eran filósofos académicos, como Henri Bergson y Samuel Alexander. Otros eran científicos  trabajando dentro de las tradiciones religiosas, por ejemplo el paleontólogo jesuita  Pierre Teilhard de Chardin. Otros más, como Helena Petrova Blavatsky y su seguidora Annie Besant, juntaron una mezcla ecléctica de ciencia, religión y lo oculto. Todos estos pensadores tenían una gran ambición, pero ninguno fue tan audaz como la dupla (Oriente-Occidente) de  Sri Aurobindo y Mirra Alfassa, conocida como “la Madre”. Su síntesis reúne a   la filosofía de la India y de Europa, la ciencia y la experiencia espiritual, esoterismo occidental y el yoga.

De los dos, Aurobindo es más conocido. Su influencia en los teóricos integrales  contemporáneos ha sido profunda.  Sin embargo, el dijo más de una vez que su camino y el de la Madre eran uno, y el  sistema que desarrollaron,  una creación conjunta.

Cuando la Madre conoció a Aurobindo en 1914, él era famoso en toda la India como un líder político exilado que había pasado un año en la cárcel bajo sospecha de haber conspirado con su hermano, un revolucionario militante, para asesinar oficiales Británicos.  Durante el tiempo de su encarcelamiento el tuvo una serie de experiencias espirituales que alteraron el curso de su vida. Al ser liberado se estableció en  Pondicherry, un puerto al sur de la India que estaba bajo protectorado de Francia. El compañero de Mirra, Paul Richard, que sería su esposo después, llegó a Pondicherry a comienzos de 1910 con la esperanza de ser elegido para la legislatura. Como quería conocer a un yogi Indio, le presentaron a Aurobindo y ambos encontraron que tenían muchos intereses en común, incluyendo la política y la filosofía espiritual. Paul regresó a Francia pero volvió a la India cuatro años después para postular nuevamente; esta vez acompañado por Mirra. Sin éxito en las elecciones Paul decidió quedarse en la India para publicar un diario filosófico con Aurobindo.

Mirra no tenía interés en la política y muy poco en la filosofía. Su formación  era artística y espiritual. Blanche Rachel Mirra Alfassa nació en París en 1878. Hija de judíos sefarditas que habían llegado a Francia desde Egipto el año anterior. Mirra fue educada por tutores privados  y enviada a la única escuela de arte parisina que aceptaba chicas. Talentosa, hermosa y enigmática- sus amigos solían llamarla “la Esfinge”-  dominaba  el dibujo y  la pintura y eventualmente expuso en algunos salones de París. Se casó con un artista, Henri Morisset, quien como el famoso Henri Matisse, fue alumno de Gustave Moreau. La pareja tuvo un hijo pero después se divorciaron.

En París Mirra se mezcló con la elite intelectual y artística: Augusto Rodin, Anatole France y muchos otros. También conoció algunos de los primeros profesores espirituales que llegaron a Europa, Hazrat  Inayat  Khan y Abdu’l-Bahá, entre otros. Por varios años ella fue un miembro activo del Movimiento Cósmico, un grupo  fundado en las enseñanzas de la Kabbalah que fue guiado por el ocultista Max Théon y su esposa provenientes de Algeria.

Mirra aprendió algo de todos estos maestros pero no pensaba que alguno de ellos fuera el maestro que ella estaba destinada a conocer. Cuando vio a Aurobindo en Pondicherry el 29 de Marzo de 1914, supo que su búsqueda había finalizado.   “Él, a quien vimos ayer, está en la tierra”, escribió en su diario al día siguiente. “Su presencia es suficiente para confirmar que el día llegará cuando la oscuridad será transformada en luz  y  SU reino será establecido en la tierra”.

Mirra se lanzó a trabajar para el periódico que ella, Paul y Aurobindo estaban planeando publicar. Dos meses después estalló la Primera Guerra Mundial y Paul y Mirra estuvieron obligados a regresar a Francia. Después de un ansioso año, Paul obtuvo un  puesto diplomático menor en Asia Oriental. Dejaron Francia en el peor momento de derramamiento de sangre en Flanders  y pasaron los dos últimos años de la guerra en silenciosa oscuridad en Tokio y Kyoto.

En Japón, Mirra estudió, escribió, pintó y practicó meditación, esperando ansiosa el momento cuando pudiera regresar a la India. Aurobindo, que estuvo sacando su periódico solo, escribió y publicó una docena de libros en entre 1914 y 1921. Uno de ellos fue “La Vida Divina”, la primera declaración de su filosofía evolutiva.

Con más de mil páginas, La Vida Divina, no se presta para ser resumida con facilidad pero, en general, comienza con la idea del Absoluto – Brahmam -  como es llamado en los Uspanishads. Para los observantes de la mayoría de las escuelas más prominentes de la filosofía Uspanishads,  Brahman es todo y el mundo relativo es la ilusión, maya. El mundo decía él, es una manifestación de Brahman, una expresión de su poder, shakti. Este proceso toma la forma de una evolución progresiva, la cual es, “en esencia una intensificación de la fuerza de la conciencia en el ser manifiesto, de modo que pueda ser elevada a un intensidad mayor de lo que está aún  no manifiesto, de materia a  vida, de  vida  a mente, de mente a espíritu”. Un ser en total posesión de una supermente sería un superhombre, o un ser gnóstico”.

En Noviembre de 1918 terminó la guerra en Europa pero Paul y Mirra no pudieron dejar Japón. Su asociación con el nacionalista Indio, Aurobindo y los proponentes japoneses del Pan-Asianismo, lo habían puesto en la lista negra  de los Británicos y el temió que podría ser arrestado si cualquier barco en que estuviera, tocaba un puerto en el que  flameara la bandera británica.  En este momento de incertidumbre, se le pidió a Mirra que escribiera algo para un grupo de mujeres Japonesas. El resultado, publicado después como “A la Mujeres de Japón”, fue el primero de sus escritos  acerca de la evolución, apoyada fuertemente en los trabajos de Aurobindo.

Mirra comenzó por hablar a su audiencia femenina acerca de maternidad, pero se aproximó al tema desde un sorprendente punto de vista. “el superhombre nacerá de una mujer”, decía. “Ya no es suficiente dar a luz a un ser  en quien nuestra más alta idea personal se manifieste; debemos luchar por descubrir cuál es el tipo futuro, cuya venida está planeando la Naturaleza.”  Fue un momento crucial en la evolución de la tierra, decía Mirra, en el cual la Naturaleza sintió “uno de sus grandes impulsos hacia la creación de algo totalmente nuevo, algo inesperado.”  Tal como los humanos se distinguen de los animales por su uso de la inteligencia, así la nueva raza de superhombre (un término que adoptó de Aurobindo, así como Aurobindo lo había adaptado de Nietzsche) tendría posesión total del poder que, a falta de un nombre mejor, llamamos intuición. La naturaleza había preparado esta posibilidad a través de incontables generaciones, haciendo uso de incontables especies. Ahora en cada niño que nace, “en cada intento del genio humano, la Naturaleza busca la manera que, una vez más, la llevará  más lejos aún.”

Paul y Mirra pudieron dejar Japón  a comienzos de 1920 y Mirra se reunió con Aurobindo, convencida de que su trabajo estaba con él. Paul que no compartía esa convicción, regresó a Francia. Mirra tomó su lugar entre los discípulos de Aurobindo, pero pronto él la  reconoció como su par espiritual y su colaboradora. En 1926  confió a su cuidado la comunidad  que se  había congregado  en torno a él. Ella sería, dijo a sus seguidores, su madre en muchas maneras. Ellos tendrían que recurrir a ella para sus necesidades materiales y espirituales, pero deberían también verla como su Madre divina, la shakti detrás del impulso evolutivo hacia la “supermasculinidad”. Para los discípulos, la frase “el superhombre nacerá de una mujer” cobró un significado especial.

En los años siguientes la Madre, como Mirra llegó a ser conocida, supervisó las vidas internas y externas de los miembros de la comunidad o ashram. Enseñó más con el ejemplo que con palabras, pero ocasionalmente se sentaba con grupos de discípulos y les hablaba acerca de la vida, de filosofía y de yoga.  Muchas de estas charlas eran en la forma de comentarios acerca de los trabajos de Aurobindo, pero ella también a menudo presentaba ideas  sobre las que él no había escrito explícitamente  y proveía ilustraciones que eran distintivamente  de ella. Estas charlas son la mayor fuente del material que sigue.

Hablando acerca de la evolución, la Madre  hizo una distinción importante entre sus expresiones individual y universal. La evolución Universal es un gran proceso cósmico que se despliega a través de las épocas. Dentro de ésta, cada individuo tiene una trayectoria personal que continúa de vida en vida.

La evolución Universal tiene un movimiento dual: involución seguida de evolución. La involución es el descenso de todas las posibilidades de creación hacia lo que la Madre y Sri Aurobindo llamaban “el inconsciente.” (Ambos preferían el término francés “insconscient”, al inglés “unconscious”)

Antes de la Involución existe solamente la consciencia que tiene la Unidad de su propia conciencia. Esta se proyecta a sí misma, por así decir, en su opuesto; la Separación total, la Inconsciencia completa. Pero en el corazón de lo Inconsciente hay un deseo irresistible de crear formas y manifestar consciencia y este deseo no es un impulso ciego sino “la voluntad evolutiva de una secreta Consciencia de Ser.” Lo que sigue es que la creación tiene una meta, un propósito; “despertar, desarrollar y finalmente revelar, en una total manifestación, el  Espíritu escondido al centro de la Materia e impulsar esta Materia desde adentro hacia afuera  hacia un desarrollo progresivo que liberará al Espíritu trabajando  desde adentro.”  Sería, por lo tanto, erróneo decir que lo que emerge de la materia inconsciente – vida, mente, supermente – es el producto de la materia. Más bien, todo lo que emerge estaba presente en la materia desde un comienzo.

Claramente estamos tratando aquí con un tipo de evolución diferente de aquella de la que hablan los científicos. La evolución biológica se refiere a la evolución de nuevas especies (más precisamente al cambio, en el tiempo, de características heredadas en una población de organismos) como resultado de mutación al azar, selección natural, etc. La Madre y Aurobindo aceptaban la evolución biológica pero la veían como parte de un proceso más grande. Junto a la evolución de abajo hacia arriba de formas y cuerpos, hay en cada etapa un descenso de arriba hacia abajo del principio de cada etapa. Un principio que habita los cuerpos que han evolucionado y los dota de la nueva facultad. La emergencia de la mentalidad  en el ser humano no es el resultado de cambios al azar  en los cerebros de los primates  superiores, más bien estos cambios permiten el descenso de un ser mental pre-existente, que hace uso del cerebro del ser humano para dar expresión  al intelecto y otros poderes mentales.

Con la emergencia del ser humano mentalmente consciente, la evolución misma se hace consciente. Lo que antes “era hecho en una aparente inconsciencia” puede ahora “ser hecho conscientemente, intencionadamente y, por lo tanto, mucho más rápido y en el gozo  de la realización.”

Pero hay un inconveniente en la emergencia de la consciencia. El ser humano debe dejar atrás el instinto seguro, la maestría sin esfuerzo, la pureza espontánea del animal. Este, decía la Madre, es el verdadero significado de la historia Bíblica del Jardín del Edén. La serpiente,  fuerza evolucionaria, causó que el primer humano comiera del Árbol del Conocimiento y como resultado tuvieron que dejar el paraíso terrenal.”

Los humanos, por ser conscientes de sí mismos y de sus acciones son capaces de la tristeza y el sufrimiento. Están inquietos por el sentido del error, del pecado. Esto es infortunado desde el punto de vista humano, pero es una parte  necesaria del proceso evolutivo. La  Madre creía que la tristeza, el sufrimiento y reacciones humanas similares,  “han contribuido todas a hacer que la consciencia emerja de la inconsciencia y a despertar esta consciencia a la voluntad del progreso.”

Pero finalmente es la estrecha mente del hombre  la que “hace tragedias de los eventos que para la Consciencia Divina son sólo movimientos en la evolución general.” Si aprendemos a mirar las cosas desde el punto de vista evolutivo, ponemos el sufrimiento en perspectiva y eventualmente podemos aprender a salir de él.” En cuanto al pecado es solamente algo que no está en su lugar correcto. Si tuviéramos la visión divina- una visión simultánea del pasado, el presente y el futuro- entenderíamos que las cosas que los humanos encuentran moralmente repulsivas son solamente cosas que están marcadas para desaparecer. “Veríamos entonces, decía la Madre, la relatividad de esas cosas y que por sobre todo está la Fuerza progresiva de la evolución que nos da la voluntad de rechazarlas.”

Los humanos lidiamos con el dilema moral creando y aplicando códigos morales y religiosos. Estos códigos, como Sri Aurobindo explicó en La Vida Divina, no pueden ser considerados espirituales.

(El hizo la, ahora  muy conocida, distinción entre “espiritual” y “religioso” en el año 1917.) Las fórmulas éticas y religiosas tienen un cierto valor pragmático en la conducta de la vida cotidiana. La Vida Divina afirma que incluso tienen valor  en “la evolución espiritual misma como movimientos preparatorios”, pero que “aún pertenecen a la evolución mental”. La espiritualidad, según Aurobindo, comienza con un “despertar a la realidad interior de nuestro ser, a un espíritu, ser, alma que es otro que nuestra mente, vida y cuerpo;” que culmina en “una transformación de todo nuestro ser”. Comentando sobre este pasaje, la Madre dejó claro que despertar y transformación marcarían un “quiebre decisivo en la vida de la consciencia.” Significaría el principio de un nuevo estado de evolución.

El ser humano -dijo Sri Aurobindo - es un ser de transición. Con esto quiso decir que el ser humano imperfecto no es la última palabra en la evolución. Los humanos han pasado a través de varios estados ascendentes y continuarán haciéndolo hasta que algunos de ellos alcancen “el portal de la naturaleza supra natural” y se transformen en superhombres, seres gnósticos. “La especie humana, escribió la Madre, abundando en el tema, “será necesariamente sucedida por una nueva especie que será al hombre  (al ser humano) lo que el hombre es al animal; la consciencia humana actual será reemplazada por una nueva consciencia, ya no mental sino supra mental. Y esta consciencia dará nacimiento a una raza humana superior, superhumana y divina.”

Esta transformación no sucederá  de una sola vez. “ Uno tiene la impresión”, decía la Madre en 1957, “que la evolución seguirá una curva que nos acercará más y más  a una especie superior y , tal vez, todo lo que está aún demasiado cerca de las especies inferiores va a desaparecer”. ¿Se extinguiría entonces la humanidad? La Madre no sabía. “Así como se ha encontrado todo tipo de posibilidades  entre los animales y el hombre, posibilidades que no han permanecido, así habrá todo tipo de posibilidades: cada individuo lo intentará a su propia manera.” Y todo junto ayudará a preparar la realización futura.

Tal es el curso de la evolución universal como lo veía la Madre. Pero como ella enfatizaba  en el pasaje mencionado anteriormente, el individuo humano tiene un rol importante que jugar en el proceso evolutivo. A ella le gustaba hablar a los miembros del ashram acerca de estos alucinantes temas, como la evolución de la supermente, pero dejaba en claro que “si quieres avanzar en este sendero, primero tienes que comenzar muy modestamente tu camino hacia el nuevo nacimiento  y después realizarlo,  antes de acariciar la ilusión de que puedes tener experiencias supra mentales.”

Junto a la evolución cósmica existe, según la Madre, una evolución personal o individual. Cada ser hace uso “de la evolución de la naturaleza universal como un campo para su propia evolución individual.” Pero si este ser ha de tener  una persistencia evolutiva tiene que sobrevivir a la muerte del cuerpo. Debe haber, decía la Madre, “algo permanente que pasa de una forma a otra y con cada nueva forma hace un nuevo progreso y llega a ser capaz de entrar en una forma superior, más y más, hasta que este “algo llega a ser perfectamente consciente al fin de la evolución.”

La Madre llamó ser psíquico a  este “algo” y sus afirmaciones sobre el tema son su contribución más distintiva a la teoría evolucionara ocultista. Ella adoptó el término ser psíquico (être psychique) de la escuela de ocultismo basada en Algeria a la que ella perteneció antes de llegar a la India, pero ella y Sri Aurobindo lo usaban a su manera.  El ser psíquico es, en resumen, el alma evolutiva. Es necesario distinguirla de la chispa divina o el alma esencial que yace en el corazón de todo ser de la creación. La chispa divina es incambiable, idéntica en todo. El ser psíquico toma una forma distinta en cada ser individual como resultado de sus acciones en la tierra. Se “forma progresivamente” alrededor de la chispa divina o alma “en el curso de sus innumerables vidas en la evolución terrestre”, llegando a ser como “la envoltura consciente del alma en torno a la cual se forma.”

Es el ser psíquico el que lleva la esencia del esfuerzo individual de vida en vida. Ocasionalmente retiene recuerdos de existencias previas pero no en la forma de imágenes en Tecnicolor de eventos extraordinarios, como algunas personas  gustan referir. (Tales relatos, decía la Madre, son puro romance). Es más bie retener impresiones de “momentos críticos de evolución”, giros decisivos que marcan el desarrollo interno de nuestra consciencia.”

No mucho antes de su muerte en 1973, la Madre escribió: “La evolución transformadora del mundo ha entrado en un movimiento apresurado e intensificado.” Esto  fue una consecuencia, dijo, de la influencia de la supermente cuyo descenso en la atmósfera de la tierra ella anunció en 1956. Este descenso, afirmó ella, eventualmente pavimentaría el camino para la emergencia del superhombre, tal como el descenso del principio mental había pavimentado la emergencia del ser humano miles de años atrás. Y tal como esa emergencia  anterior había estado cargada de dificultades (imaginen las relaciones entre los primeros humanos y sus predecesores animales inmediatos),  la emergencia del superhombre no llegará fácilmente.

La Madre esperaba facilitar esta transición juntando en torno a ella hombres y mujeres que se dedicaran a la realización del proceso de evolución. Su primer intento fue el Ashram de Sri Aurobindo, fundado en Pondicherry en 1926. Un cuarto de siglo después, al preguntársele por el propósito del ashram, ella respondió en términos evolutivos: “La Naturaleza no puede estar satisfecha con un resultado tan imperfecto (como el ser humano); ella se esfuerza en sacar a luz un ser que sea al hombre lo que el hombre es al animal, un ser que permanecerá como un hombre en su forma externa y que, cuya consciencia  al mismo tiempo,  se eleve mucho más allá de lo mental y de su esclavitud a la ignorancia.” En el ashram, decía a sus seguidores, “ustedes están en las condiciones más favorables para despertar en ustedes esta consciencia supra mental y de crecer de acuerdo a su ley.”

En 1968 la Madre hizo otro intento en esta dirección cuando fundó Auroville, un municipio internacional ubicado a unas pocas millas de Pondicherry. Aquí nuevamente concibió una comunidad en términos evolutivos. “La humanidad no es el último escalón de la creación celestial”, escribió en un mensaje a los potenciales habitantes de  Auroville. “La Evolución continúa y el hombre será superado. “Depende de cada individuo si quiere participar en la llegada de esta nueva especie”

Cincuenta años antes en “A las Mujeres de Japón”, la Madre citó un pasaje de “ El Ciclo Humano” de Sri Aurobindo, que dio expresión a sus esperanzas para el futuro de la humanidad y mostró el rol que los individuos tendrían en propiciar este futuro. “Los individuos que ayudarán más al futuro de la humanidad, escribió Aurobindo, serán aquellos que reconocerán la evolución espiritual como el destino y, por lo tanto, la gran necesidad del ser humano.”  Tales individuos serían “comparativamente indiferentes a una creencia y forma en particular, pero enfrentarían todo “para recurrir a las creencias y formas a las que son naturalmente atraídos.” Por sobre todo, ellos no cometerían el error de pensar que este cambio espiritual puede ser afectado por la maquinaria o las instituciones externas; ellos sabrán y nunca olvidarán que tiene que ser vivido por cada hombre internamente o nunca podrá ser hecho realidad.”

Uno puede usar este pasaje como una plantilla para ver cuán bien las comunidades que la Madre fundó, mantienen el patrón de su visión evolutiva. Tanto en el ashram como en Auroville hay consciencia del desarrollo evolutivo y hay un intento de poner en práctica las enseñanzas de la Madre y de Aurobindo. Al mismo tiempo hay signos de retroceder de la espiritualidad a la religión, de un esfuerzo interno a una conformidad institucionalizada, del respeto por la libertad individual a la imposición de un pensamiento de grupo. Más que  “indiferencia a una creencia y forma en particular”, existe la tendencia a codificar las enseñanzas en un conjunto de dogmas inflexibles, sin dejar espacio para que los individuos encuentren “las creencias y formas a las que son naturalmente atraídos”. “Maquinaria e instituciones externas”- abundan los  centros, las  sociedades, los comités, las conferencias, los sitos web, los blogs.  “El cambio vivido por cada hombre y mujer internamente” es mucho menos evidente.

La Madre estaba bien consciente de los peligros del dogmatismo. “Tenemos fe en Sri Aurobindo”, escribió en 1970. El representa para nosotros algo que  formulamos con las palabras que parecen las más exactas para expresar nuestra experiencia… Pero si, en nuestro entusiasmo, estuviéramos convencidos que ellas son las únicas palabras apropiadas para expresar correctamente lo que Sri Aurobindo es y la experiencia que nos ha dado, nos pondríamos dogmáticos  y estaríamos en el punto de formar una religión”. Ella fue siempre firme en su rechazo a la religión y sus formas. El programa para Auroville, escribió, es “investigar a través de la experiencia de la Verdad Suprema. Una vida divina pero sin religiones.

La Madre no habría aprobado el recrudecer de los hábitos religiosos entre algunos de quienes buscan su guía, sino que habría hecho retroceder esto a grandes pasos. Ella estaba consciente de que el curso de la evolución espiritual no es un camino derecho al cielo. Dijo una vez que, a la larga “toda la creación debe avanzar más y más hacia lo Divino porque es su última meta”. Pero, continuó, “es un movimiento peculiar, ya que uno da tres pasos adelante y dos hacia atrás; uno da dos pasos adelante y uno hacia los lados.”  La trayectoria de la evolución no es recta sino en espiral, “y  en esta espiral hay innumerables puntos y en cada punto  se logra un progreso vertical. Y uno tiene que dar toda una vuelta para regresar una vez más al mismo punto, pero lo hace a un nivel levemente superior.” Hasta que uno completa la vuelta, el movimiento puede parecer que va en retroceso. Tal vez, cuando la vuelta actual de la espiral evolutiva esté completa veremos que todo el movimiento ha sido hacia arriba.

 

 

 

 Traducido por Rubi Valenzuela (Chile)