EL GENIO SALIO DE LA BOTELLA

El Dr. Thomas Barnett explica por qué la globalización puede ser realmente la fuerza más unificadora, progresista y liberadora en la historia humana.
Entrevista de Carter Phipps

El  famoso historiador Will Durant dijo una vez: “La mayoría de nosotros  dedica  mucho tiempo a las últimas veinticuatro horas y muy poco a los últimos seis mil años”. Cuándo corren tiempos difíciles, la observación de Durand puede ser mucho más cierta. De hecho, bajo la presión de circunstancias difíciles, se vuelve mucho más tentador reemplazar una perspectiva de la historia panorámica, de largo plazo, expansiva, por una que resulte inmediata, de corto plazo y del día a día. Al hacer esto, a menudo fallamos en apreciar el poder profundo que el contexto histórico puede entregar cuando viene a ayudarnos a explicar la vida en el aquí y ahora. Olvidamos que no tenemos una visión clara de nuestro pasado, tendemos a sacar conclusiones erróneas sobre nuestro presente y a tener una visión distorsionada de lo que es posible en nuestro futuro.

Es en esta introspección de largo plazo que EnlightenNext se complace en presentar el trabajo del Dr. Thomas Barnett. Barnett es un estratega geopolítico único, quien combina un sentido futurista de la esperanza y el optimismo con un sentido de la sobriedad y el contexto propios de la historia. Irrumpió en la escena nacional durante el año 2004 con la publicación de El Nuevo Mapa del Pentágono, un libro que se convirtió en un Best Seller que ayudó a sus lectores a entender las dinámicas confusas del panorama global post 11/9, entregando luces frescas con respecto del terrorismo, la globalización y las conexiones militares alrededor del mundo.

El escribe:

Muéstrenme dónde la globalización es amplia, con conectividad de redes, transacciones financieras, flujo de medios liberales y seguridad colectiva y yo les mostraré regiones que desarrollan gobiernos estables, altos estándares de vida y más muertes por suicidio que por asesinatos. Pero muéstrenme dónde la globalización se está encogiendo o está derechamente ausente y yo les mostraré regiones plagadas por regímenes políticos represivos, pobreza en todos lados, enfermedades, homicidios de masas constantes y –lo más importante- conflictos crónicos que incuban la siguiente generación de terroristas globales.

Con un Ph.D.  de Harvard, en una clase de Ciencias Políticas llena de celebridades y futuros eruditos tales como Andrew Sullivan y Fareed Zakaria, la educación inicial de Barnett fue diseñada para prepararlo como negociador de armas, experto en Europa Oriental y la Unión Soviética. El fin de la Guerra Fría, sin embargo, terminó con esa carrera antes de que empezara y Barnett aterrizó en la Universidad de Guerra Naval donde estudió las intrincadas relaciones entre la geopolítica, la globalización económica y los militares de Estados Unidos. Con el éxito de El Nuevo Mapa del Pentágono, el perfil de Barnett creció dentro del Pentágono y asimismo su influencia. Mientras su visión de futuro sobre el rol de los militares Norteamericanos le pudo haber generado amigos en la administración Bush, su voz fuerte e independiente y su agenda progresista eventualmente le trajeron enemigos. Era crítico de la obsesión militar con respecto a una guerra futura con China y sobre las fallas estratégicas de Estados Unidos con Irán, también peleó contra el unilateralismo y lamentó la falta de voluntad de la administración para comprometerse más positivamente en Africa. Y aunque apoyaba de forma cauta la invasión inicial a Irak, fue muy crítico de lo que sucedió después. Sentía que la desastrosa estrategia post invasión revelaba la necesidad de una nueva fuerza de paz global con una función de Administración de Sistemas, una especie de Cuerpo de Paz que “recogiera pistolas”, cómo él la llamó, que fuera conformada ampliamente por no estadounidenses y que colaborara en el establecimiento del  orden post guerra de los Balcanes a Irak, y de Afganistán a Ruanda. Eventualmente, fue “un poco despedido, un poco alejado” de la milicia para convertirse en entrevistador, ayudando a fundar Enterra Solutions, compañía privada diseñada para ayudar a organizaciones del sector público y privado a manejar las realidades tan rápidamente cambiantes del mundo globalizado.

Con su nuevo libro, Grandes Poderes, Barnett vuelve al medio que originalmente lo marcó como una voz única, dilucidando una concepción provocativa y original del rol de Estados Unidos en el mundo. Tiene el don de entender las relaciones entre la evolución de estructuras económicas, políticas y militares a través de los últimos cientos de años y la cercana correlación que existe con la evolución de la cultura. En las manos de Barnett, la historia aparece como un contexto poderoso en el cual entender el desarrollo que está experimentando nuestra sociedad mundial globalizada. Él reclama que la propia subestimación de la historia norteamericana al integrar cincuenta estados en una nación unida, entrega el punto de partida para apreciar los variados desafíos que enfrentamos globalmente mientras trabajamos para amalgamar a todo el mundo en una red de trabajo de naciones más segura, pacífica y próspera. Mientras sus políticas son difíciles de catalogar como de derecha o izquierda, ciertamente no son tradicionales y post-ideológicas; su trabajo desafía a vacas sagradas en ambos lados del espectro. El idealismo de Barnett y su pasión por el activismo que quiere un cambio positivo, han captado la atención de progresistas así como muchos combaten su gusto por el poder militar, su entusiasmo por la globalización y su concepción positiva con respecto al rol de Estados Unidos en este joven siglo. “La mayoría de las personas educadas al comienzo del siglo veintiuno se consideran especialistas”, declara el estudiante Craig Eisendrath en su libro reciente A la Guerra con Tiempo, “aun cuando lo que se necesita para realizar la tarea de entender la evolución de nuestra cultura es la capacidad generalista de mirar a la cultura desde muchas dimensiones y concentrar ideas desde fuentes dispares”. Barnett es esa clase de generalista. Su mente de amplio espectro pone en pauta esas tendencias más amplias que desafían a  expertos, especialistas y a delgados espectros de tiempo. En un mundo espiritual enamorado del momento presente, un mundo de negocios enamorado de ganancias de corto plazo y un mundo político enamorado de ciclos de elecciones, Barnett nos ayuda a elevar nuestra mirada de las distorsiones del día a día y posarnos más profundamente en las dinámicas de desarrollo de nuestro pasado, cambiando nuestra perspectiva y ayudándonos a cambiar el mundo más efectivamente.

ENLIGHTENNEXT (EN): Dr Barnett, Usted tiene una formación en Ciencias Políticas y análisis militar, pero se refiere a sí mismo como un gran estratega. ¿Puede explicar qué quiere decir con ese término?

THOMAS BARNETT (TB): Como un gran estratega, de la forma que yo lo entiendo, es alguien que está pensando en el mundo de una forma amplia pero sintética. Estoy hablando de alguien que está pensando a través de dominios diferentes con una perspectiva que atraviesa décadas. Creo que en los años desde el 11 de septiembre, Estados Unidos realmente ha estado buscando una especie de gran visión estratégica que guíe nuestras acciones. Y francamente pienso que el mundo necesita que Estados Unidos piense de forma estratégica en el largo plazo ahora más que nunca.
La definición clásica de gran estrategia tiene que ver con un país que quiere promover sus propios intereses, llevando a cabo todo su poder nacional hacia ese fin. Pero esa definición es demasiado restrictiva, especialmente para Estados Unidos. No es suficiente para nosotros promover nuestros propios intereses. Es sobre tener una visión de futuro en la que queremos mover a todo el planeta hacia adelante y es sobre lo que podemos hacer para servir a esa visión no sólo en términos de gobierno sino en toda la panoplia de nuestros sistemas económicos y sociales. Por lo tanto: gran estrategia significa mirar a toda la estructura de nuestro mundo y ver cómo lo movemos hacia adelante, opuestamente a sólo hacer avanzar nuestros intereses personales en un medio ambiente caótico de naciones independientes. Finalmente, es un intento para traer más orden.
Pensar en términos de gran estrategia no es un conjunto de habilidades que valoremos lo suficiente. La complejidad del mundo es tan densa hoy en día que mucho de lo que pasa por expertise en Washington y en las capitales europeas, es un conocimiento vertical hacia abajo: “Conozco el código de impuestos en esta área en particular” o “soy experto en el enriquecimiento del uranio”. Los individuos que piensan horizontalmente, que cruzan varias áreas diferentes de expertise, son en realidad sorprendentemente extraños.  La ciencia política es un antecedente lo suficientemente amplio y un punto de partida natural para la gente que quiere realizar esa estrategia. Pero el  conjunto de habilidades del estratega debería involucrar mucho más que políticas. Debería significar que uno puede leer muchísimo fuera del dominio preferido. Yo leo de todo excepto ciencias políticas; leo tecnología, historia, economía, sociología, religión, todo tipo de campos porque estoy tratando de explorar cómo las muchas intersecciones entre estos grandes dominios está afectando a la política. Y la historia es particularmente importante. No se puede pensar a largo plazo ni estratégicamente si no entiendes tu historia.
A menudo voy a lugares para hablar y la gente me pregunta “¿A cuántos más conoce usted que piensen igual? Y yo respondo: “No a muchos”. Encuentro muy perturbador tener que ofrecer esta respuesta. En cambio lo que pasa como gran estrategia es usualmente autocrítica nacional de la clase más desalentadora. Así, niños de colegio están creciendo con Noam Chomsky. Eso es un desastre. El es un gran lingüista, pero no es un gran estratega o un buen pensador político o un experto en relaciones internacionales. Tampoco lo es Chalmers Johnson ni Naomi Klein. En algún nivel, las mejores versiones que tenemos son columnistas independientes, pero tienden a dejarse llevar demasiado por el ciclo de las noticias y yo pienso que un gran estratega exitoso es alguien que pueda con ecuanimidad pensar a través de las décadas.

EN: Su nuevo libro se llama Grandes Poderes: América y el mundo después de Bush. En él Usted señala una estrategia política y económica para el compromiso de Estados Unidos en el mundo después de Bush. ¿Puede explicarme cuál fue su propósito al escribir este libro?

TB: Bueno, una variedad de propósitos. Primero, quería explorar explícitamente cuál debería ser la gran estrategia geopolítica en este punto de la historia y quería exponer al lector lo que yo pensaba era el arco general de la gran estrategia americana históricamente. Quiero que la gente entienda que este es un mundo de nuestra creación y en esa autoconsciencia quiero que entiendan exactamente cuáles son las posibilidades de que nuestra sociedad global se mueva hacia adelante.

EN: Uno de los puntos que Usted toca en su libro es que Estados Unidos es altamente responsable del tipo de sistema económico que tiene hoy en día. ¿Es eso lo que quiere decir cuando señala que es “un mundo de nuestra creación”?.

TB: Déjeme entregarle algún contexto. Retrocedamos hacia la Segunda Guerra Mundial. Si usted observa el sistema político global que existía en ese entonces. Era el sistema Euroasiático Colonial. Los poderes euroasiáticos tenían básicamente esculpido al planeta. Y después estaba Estados Unidos, esta unión extraña, híbrida, multinacional de hacer sus propias cosas en su propio continente. El presidente Roosevelt decidió que después de la guerra quería crear un nuevo escenario económico y político, no sólo en América sino a través de todo el planeta. Así diseñó la creación de lo que hoy llamamos el orden de intercambio liberal internacional. Esencialmente, lo que Roosevelt hizo fue crear una estructura de trabajo global para la  misma clase de mercado abierto o sistema de intercambio libre que América ha estado realizando en forma pionera en sus propias fronteras durante décadas.
Para contar de manera breve esta larga historia, este nuevo sistema tuvo un éxito dramático y hacia 1980, Occidente estaba fabulosamente rico y comenzó a atraer imitaciones desde el Oriente. Quizás el punto crítico en el desarrollo de este sistema económico global estuvo cuando Deng Xiao Ping abrió China y su economía a fines de los setenta y principios de los ochenta. Cuando eso sucedió alcanzamos una especie de masa crítica para este orden de comercio liberal internacional.
Así que parte de la estrategia inicial post guerra de Roosevelt fue económica, pero la otra parte tuvo que ver con la seguridad. Después de la guerra, estuvimos de acuerdo en avanzar para proveer a nuestros aliados, tanto en Japón como en Europa, con la fuerza militar que necesitaban para defenderse contra los soviéticos. Como resultado de esto, ninguno de esos países volvió al tipo de estructuras militares o grandes bases industriales fieles a los militares que tenían antes de la guerra; en vez de eso, en un giro histórico impresionante, nos entregaron vastamente esa función a nosotros. En efecto nos convertimos en sus proveedores de seguridad.

EN: Eso ilumina lo que yo pienso es uno de los aspectos más interesantes de su trabajo y esa es su singular visión de la milicia americana. Usted apunta a que la sobrecogedora ventaja militar que desarrolló Estados Unidos a través de los años tiene un efecto pacificador en el mundo hoy en día.

TB: Correcto. Nuestro enorme poder militar representa una especie de Fuerza de Dios, que para todos los propósitos prácticos rige el asunto de una guerra de proporciones entre los grandes poderes. Nuevamente, para apreciar ese logro, sólo tenemos que mirar atrás hacia la primera mitad del siglo veinte. En territorio euroasiático, diez grandes poderes se las arreglaron para matar a cientos de millones de personas en una conflagración que duró ininterrumpidamente desde 1914 hasta 1949, todo el camino hacia el fin de la guerra civil china. Había guerra en una escala increíble, nadie había alcanzado nunca esa clase de operaciones militares y llevado las cosas a esas alturas. Luego estuvo la guerra fría. Pero una vez que llegas a ese punto y avanzas hasta ahora, debes admitir que esta es la primera vez en la historia en que Inglaterra, Francia, Alemania y Rusia están todas en paz, todas relativamente prósperas aunque obviamente hay una baja ahora y todas están integradas. No existe realmente un tema de guerra de grandes poderes. Ese es un fenómeno relativamente reciente. Quiero decir, a principios de los ochenta aún existía un tremendo temor a la guerra en Europa.
Además tenemos por primera vez en Asia algo que jamás se había logrado en la historia: India, Japón, China y Sur Corea están todos relativamente prósperos, creciendo, integrando y en paz sin prospectos de una guerra de grandes poderes en el horizonte. Nunca antes tuvimos un cuarteto de poderes todos fuertes y prósperos y aún nadie habla sobre la posibilidad de una gran guerra entre ellos.
Aún con Corea del Norte, se vuelve más y más difícil levantar escenarios plausibles de guerra. Y Taiwán ha comenzado lo que parecen negociaciones de integración económica con China, no así Hong Kong.
Están negociando la idea de que pueden estar económicamente unificados pero mantener sus diferencias políticas por ahora. Eso es lo que fue la Unión Europea durante bastante tiempo. Así que estamos buscando lo que es inevitable en Asia: una unión asiática centrada en China.
Esto no es para decir que no haya cosas que llenen titulares, pero estamos en nuestra primera recesión global e incluso con esta baja económica algo aterradora, lo que la mayoría de la gente parece estar descubriendo es una intensa cantidad de interdependencia económica. Los países están haciendo lo que pueden con las reglas de la Organización de Comercio Mundial para protegerse a sí mismos, pero nadie está realmente transgrediendo esas reglas. Nadie está hablando sobre la guerra o de que un simpatizante nazi asuma el poder, y ese es un logro bastante increíble de alcanzar.
Hemos hecho nuestra interdependencia tan profunda que realmente nadamos o nos hundimos juntos en esta economía global. El punto de mi libro es que todo está modelado en la unión económica y política de Estados Unidos. Me gusta decir que Estados Unidos es el código fuente de la globalización. Somos los modelos, somos quienes lo transmiten. Somos el ADN. Este proceso de globalización está muy modelado en nuestra unión multinacional que dice que los estados se unen con el  tiempo, las economías se integran, las redes de trabajo proliferan, las reglas se acumulan, los ingresos aumentan y la seguridad colectiva se expande.

EN: En muchos círculos progresistas esta clase de tesis es un anatema. Tengo muchos amigos europeos, por ejemplo, quienes ven la globalización desde una perspectiva muy negativa, como explotadora y represiva, y dirigida principalmente por intereses estadounidenses. Dígame, ¿por qué es bueno que esto esté pasando? ¿Por qué es buena la globalización?

TB: Primero que nada, la globalización no está sucediendo sólo porque Estados Unidos la respalde. La globalización sucede porque la gente encuentra valor en ella. Encuentran valor en la conectividad; encuentran libertad en ella. Tienen vidas mejores. Lo que está potenciando la globalización son tres millones de capitalistas. Están transmutando esto en una clase media global, que será el poder dominante en la economía global y en el sistema global político en el siglo XXI. El genio salió de la botella. Tuvimos mucho éxito. Además, cómo señalé, la guerra se fue en este periodo de tiempo. Cuando los norteamericanos tomaron control y redefinieron la forma del mundo en nuestra imagen ¿qué pasó? Los grandes poderes de la guerra desaparecieron. Los últimos estallidos de violencia internacional señalan que casi todo está ocurriendo en lugares que aun deben ser integrados a la economía global, lo que me dice que estamos en una era de integración de fronteras justo como estábamos en Estados Unidos en el siglo diecinueve. Los europeos se ponen muy incómodos con esto, pues dicen: “Nosotros intentamos esto” Y yo digo: Sí lo hicieron, pero de una forma explotacional. Y luego dicen:  “Su versión es también muy explotacional” Y yo digo: “ Comparada con la de ustedes, no estamos ni medianamente cerca”.
Pero Europa ya no está encargada de esto nunca más y francamente nosotros tampoco. De hecho, si miras a las regiones del mundo que están desarrolladas pobremente o conectadas pobremente, como casi toda África, es el dinero árabe  o el dinero asiático el que es crecientemente la principal fuente para inyectar flujo en esos lugares para desarrollo e infraestructura. Voy a África y para mí es un desastre. Los chinos y los indios van a África y dicen  pésimo suelo, pésimo clima, pésima infraestructura, pésimos gobiernos, pésima actitud para el trabajo, es como en casa. Voy a convertir este lugar en algo digno de ganancias. No puedo esperar a  explotarlo, África va a ser llevada a la economía mundial por los árabes, los chinos y los indios. A los europeos no se les va a preguntar. Nadie está esperando por su venia, mucho menos por su veto. Así las cosas, la pregunta para todos nosotros es: “¿Queremos participar en esto para hacerlo mejor o queremos lavarnos las manos y esperar a que funcione, deseando que los indios y los chinos y los árabes no exploten estas situaciones? Sé que la ausencia de cooperación por nuestra parte no marchará bien, pero está claro también que estamos en un punto donde no podemos manejar la globalización solos, porque ha crecido demasiado.

EN: En sus libros usted apunta que aquellas regiones que tienen mayor pobreza, más explotación en el trabajo, los gobiernos más corruptos y la mayor cantidad de violencia son además los lugares que son las partes más desconectadas de nuestra sociedad global.

TB: Ahí es dónde está sucediendo toda la violencia. Ahí es dónde ocurre todo el terrorismo. Virtualmente todo ocurre al interior de las partes no integradas del mundo. Pero la globalización está llegando a estos lugares. Está llegando porque estos lugares así lo quieren. Miran hacia China y quieren algo de esa riqueza. Todo lo que se pueda decir de África hoy en día, lo dijimos con respecto de China hace cincuenta años y ahora se están haciendo ricos. La globalización ha llegado a la masa crítica y no hay forma de detenerla. La única pregunta es: ¿Cómo nos relacionamos con esto? Necesitamos relacionarnos con eficiencia pues si le agregas el factor del cambio global del clima y le agregamos el problema del agotamiento de recursos, te das cuenta que estamos dirigiéndonos a un periodo que demandará una tremenda cantidad de innovación y una tremenda cooperación entre todos los grandes poderes involucrados. Y en términos de seguridad, estamos sobrepasados. Necesitamos ayuda. No podemos dirigir el mundo sólo con los europeos y los japoneses porque no van a ir a ninguna parte y no van a matar a nadie. Necesitamos a los rusos, necesitamos a los chinos, necesitamos a los indios. Tienen que tener ganas de pelear y de matar y, en efecto, defender el avance de la globalización.
La gente puede decir que estoy hablando de la globalización con un arma en las manos, pero eso no es malo, un arma en las manos no derrota la globalización, porque puedo llevarte a los lugares que están más sometidos por las armas y tienden a ser las partes menos conectadas del mundo. Es como la rápida integración del Oeste Americano, si la autoridad militar no aparece, la gente pelea unos contra otros. Se matarán en grandes cantidades, habrá insurgencia, habrá malos individuos o puedes instalar real gobernabilidad y seguridad y sobre esa base empoderar a la gente a enriquecerse.
Hemos empoderado y enriquecido a mucha gente en este planeta en los últimos cincuenta años siguiendo esta gran estrategia. Ahora estamos llegando a las nueces más duras de partir porque estas están en los lugares más fuera de pista y en términos de desarrollo, van  muy atrás. Son los lugares donde están las estructuras más intransigentes de religión y por supuesto, un nivel sorprendente de crecimiento de la población. Y luego, sobre todo, todos estos son los lugares que más se están calentando debido al cambio global del clima y van a tener una dura jornada tratando de obtener alimentos de la Tierra. Así que como estratega, estoy mirando hacia esta realidad y pensando que necesitamos que se conecten. Necesitamos que estén seguros, necesitamos que sean transparentes, necesitamos incorporarlos al mercado. Necesitamos incorporar a las mujeres al mundo laboral a través de la educación. Necesitamos emancipar estas situaciones. Y necesitamos hacerlo rápido porque por que la cantidad de stress medioambiental y el stress demográfico y el stress basado en el clima bajo el cual estas personas van a estar sometidas en los próximos cuarenta o cincuenta años serán profundos a menos que aumentemos dramáticamente sus ingresos. De otra manera nos estaremos poniendo a nosotros mismos en un escenario de todo tipo de malos negocios, mucho sufrimiento y muerte prematura.
Así es que sí, mi deseo es hacer mucho más que simplemente fortificar Estados Unidos y Europa. Quiero hacer más que poner rejas para evitar que esta “gente oscura y mala”  venga a nuestros países. No veo esa clase de mentalidad trabajando. Existe mucha rabia que está siendo expresada en esas partes del mundo. Y Bin Laden nos dio un breve chispazo de eso.

EN: Tiene sentido, pero lo que usted está diciendo también se enfrenta en abierto contraste con quienes insisten que la globalización está destruyendo a las culturas alrededor del mundo y que debemos permitirle a la gente mantener su cultura e identidad en sus propios términos.

TB: Sí, eso es lo que dicen, neguémosles la conectividad. Hagamos disminuir su sentido del miedo. Dejémoslos fuera de pista. Los mantendremos prístinos; les permitiremos mantener su cultura y su pobreza y su desconexión porque si los conectamos eso los enojará  y se volverán demandantes y no estamos seguros si queremos procesar  toda esa rabia. Pero por otro lado la gente nos mira y dice: “Esa es la cosa más hipócrita que he escuchado. Ustedes quiere mantenernos abajo en el nombre de alguna mierda anticuada”. Así que, ¿por qué botar estas chozas de barro? Pues porque son generadoras de enfermedades.
Nosotros vivimos en casas hermosas y ellos también quieren casas hermosas. Les estamos diciendo que tienen que vivir en estas cabañas que tienen cuatrocientos años para “preservar su cultura”. Están cansados de esa hipocresía. Marx tenía razón. En 1840 él dijo que el capitalismo va a barrer el planeta y va a arrasar con todo lo que esté en su camino. Y fue necesario cierto tipo de capitalismo para hacer esto, no la versión europea, no el colonialismo. Fue necesario un estilo Estadounidense, realmente liberal, una versión de comercio liberal. Fueron necesarias adaptaciones políticas que Marx consideraba imposibles de alcanzar. Marx estaba diagnosticando al capitalismo sobre la base de Europa en el Siglo diecinueve. Marx vio castillos, vio elites, vio vizcondes y duques y duquesas. Pensó esto nunca va a funcionar. Pero si hubiera venido a América, habría visto que este es el lugar donde cualquiera viene, cualquiera se une. La identidad sintética es crucial para nosotros. Somos una versión de la globalización antes de la globalización.

EN: Es posible que la globalización haya sido inicialmente dirigida por Occidente y Estados Unidos. Pero en la medida en que China e India comenzaron a levantarse, la globalización va dejar de ser de ser asociada exclusivamente con Occidente. Cómo usted señala en su libro, será Post Cáucaso.

TB: Sí, hubo una globalización que puede haber sido inspirada por anglosajones pero ahora va a ser sobrepasada por el levantamiento del resto. Es un mundo post americano, cómo a mi amigo Fareed Zakaria le gusta decir y yo le replico que es un mundo post caucasiano, no post americano. Este mundo post caucasiano también ha llegado a nuestras costas. Ya está aquí en todas las principales ciudades de América, está aquí en nuestro estado más grande, California. De cero a cinco años demográficos en Estados Unidos, los caucásicos ya no son la mayoría y los americanos europeos no son la mayoría. Por lo tanto el  acuerdo por compartir el poder que es parte de ese mundo post caucásico está siendo negociado en los colegios de todo Estados Unidos en este momento. Y por lo que sé sobre cambio social en este país, cuando algo está sucediendo en los colegios y kindergardens de Estados Unidos, de aquí a quince años será el dogma que nos unifique. Se convierte en sabiduría convencional. Observen el reciclaje, manejar en estado de ebriedad, la campaña antitabaco, una vez que inculcas una nueva ideología en las guarderías, en quince años se convierte en lo que debe ser.

EN: ¿Cuál es el rol de la Unión Europea en el gran escenario? “El sueño europeo”, como lo apellidó Jeremy Rifkin.

TB: Bueno, el problema que siempre he tenido con mis comentarios sobre la Unión Europea es gente alegando que esa es la primera unión multinacional de la historia. Yo no pienso así.
La gente dice: Habrá una sola moneda. Están hablando de un primer ministro extranjero para todos los estados. Están organizando un parlamento... ¿Alguien reconoce esto? Tuvimos una moneda única en 1862 cuando Lincoln firmó el Acta de Moneda Legal. Fuimos desde tener ocho mil variedades de notas bancarias en América a un  pequeño pedazo verde de papel, el Greenback ,que fue tan revolucionario como cuando crearon el Euro. Todo el mundo asume que pusimos la cara de Washington en el dólar en el mismo minuto en que dejó de ser presidente, pero no existía el dólar hasta 1862. Así que estamos mucho más avanzados en este proceso de lo que nos damos cuenta.
Admiro tener una alternativa a Estados Unidos. Pienso que es bueno tener ambos modelos y tener competencia entre nosotros. De otra forma demasiadas partes del mundo mirarían al modelo chino y pensarían que es la forma de continuar. Y el modelo chino tiene inmensas fallas: es pre progresista, es pre pluralista políticamente, es pre un montón de cosas. China estará marcada por muchísimos cambios extraordinarios en el próximo par de décadas. No podrá continuar como hasta ahora.

EN: Recientemente, entrevistamos al futurista John Petersen, quien es un conocido suyo, y él es muy pesimista sobre prospectos de corto plazo. El espera un derrumbe mucho más grande durante el próximo año. De hecho hay mucha oscuridad y predestinación a la ruina en estos días, especialmente con el derrumbe financiero. Incluso las personas espiritualmente progresistas están hablando del 2012 como un cierto tipo de punto de crisis. ¿Cómo  se relaciona usted con ese tipo de visión apocalíptica? ¿Está justificada debido a la crisis actual?

TB: Bueno, esa gente siempre tiene una nueva fecha. Pero también es cierto que nada de lo que estoy describiendo está predicado en un movimiento lineal, sin virajes en U, sin retrocesos, sin pausas, sin problemas. En este tiempo, para nadie es una gran sorpresa la experimentación financiera y la naturaleza crecientemente compleja del riesgo que se nos fue de las manos. Esto ha pasado de forma bastante regular durante toda nuestra historia, sólo que esta vez fue vendido y empaquetado a todo el mundo. Nuestra economía entera se basa en maximizar los préstamos, no mantener efectivo en las manos. Y todos se miran unos a otros y dicen: ¿Qué quieres decir con efectivo en las manos? ¿Te estás riendo de mí? Durante los últimos veinte años nos hablaste de no tener efectivo en las manos. Ese es el pánico que sentimos ahora. Pero en lo profundo de nuestros corazones, pienso que sabíamos que eventualmente la disciplina iba a ser aplicada. Idealmente todos llegaríamos a un juicio colectivo equilibrado de que no podemos vivir así nunca más. Pero no es así como funcionan los mercados. Tienden a moverse hacia los extremos y ahí la gente cae en pánico. En ese proceso existe la tendencia a mirar hacia atrás y concluir: “Estuvo todo mal, este es un sistema terrible”. Es nuestra forma de generar suficiente voluntad para el cambio. Así que estamos al final de treinta años de menos regulación y ahora vamos a tomar la dirección de más regulación. Así que ¿esto es el socialismo? ¿Es este el fin del mundo? ¿Es el Armagedón? ¿Es el fin de los tiempos? ¿Vuelve Cristo?
Pienso que es sólo un cambio de plan de acción. Tenemos una generación actual que ha vivido una vida encantadora. Ahora sus expectativas se han alterado y probablemente es para mejor. Así que veo la presente situación como una corrección muy sana hacia un boom global de veintisiete años. Se han acumulado muchos malos hábitos en veintisiete años y ahora estamos siendo mucho más realistas sobre algunos de estos cambios. Hoy escribí en un blog que China e India están hablando de cooperar con el medioambiente, con el contra terrorismo, en todo tipo de cosas. Están realmente saliendo a la palestra. En un mundo grande, gordo, que está creciendo fuertemente, dónde América está cubriendo todas las apuestas, India y China no aparecen y toman control de nada. Pero en un mundo más aterrorizante dónde los desafíos son más aparentes India y China se levantan.
Pero amo a estos predicadores de la ruina, quienes han estado señalando por un largo tiempo: “Te dije que estábamos retrocediendo a 1930, a la depresión”. Quiero decir que sólo han estado equivocados durante los últimos siete años. Espero que hayan disfrutado de sus vidas.

EN: Otro factor que es citado por personas que están preocupadas por el estado del mundo es el aumento de la violencia religiosa. ¿Cómo afecta esta dinámica a su optimismo con respecto de la globalización?

TB: Cuando tomas a una persona desde un mundo en desarrollo y la llevas desde la sustentación hacia la abundancia, esto crea una especie de cambio socioeconómico que causará que las personas busquen más y más la religión, así que este va a ser un siglo altamente religioso, altamente nacionalista debido al extraordinario y rápido surgimiento de los que han estado fuera del circuito , poblaciones basadas en el sustento. Algunos ven esas fricciones que están aumentando y comentan: “Ese es el futuro de todo el planeta, estaremos inundados con fanáticos religiosos”. Pero la globalización no es algo que estemos entregando, es algo que el mundo está demandando. No se puede apagar. Por eso, cuando la vidas de las personas están siendo cambiadas hacia un mayor trabajo en red y reformateadas, sus demandas por identidad serán como cohetes lanzados al cielo pues están tratando de aferrarse a sus identidades en medio de todo este cambio.
Hemos destruido todos sus ritmos agrícolas y todos sus ritmos religiosos y todas sus formas de ver el mundo. Si haces eso demasiado, inevitablemente obtendrás respuestas salvajes y radicales. Y todas esas respuestas radicales y salvajes tienen en su base un “reconóceme, reconoce mis deseos, reconoce lo único que soy, reconoce mi identidad”. Mucha gente está viendo esto y está preocupándose de si el mundo se está volviendo loco, pero yo les digo que todo esto es parte del avance de la globalización. Está creando demandas, esas demandas deben ser cumplidas, no pueden ser aplastados.
Nos estamos dirigiendo a ser un país muy religioso, pero eso no es malo. A menudo miro la historia doméstica de Estados Unidos como una especie de modelo en miniatura y si miras a las últimas décadas del siglo diecinueve en Estados Unidos, creo que estamos replicando a escala global lo que sucedió ahí. Pasamos por una era muy mala dónde la política era muy poco considerada, muy divisiva, muy corrupta y barones ladrones y titanes eran quienes regían. Nuestro sistema era brutalmente duro en el trabajo. El trabajo infantil era intenso. Mucha gente se estaba incorporando a la clase media  pero la inequidad de ingresos era la más grande en la historia de Estados Unidos. En muchos aspectos éramos como es China hoy en día
Esa rabia comenzó a traducirse en respuestas y pasamos a una nueva era progresista. En esa época teníamos personas como Upton Sinclair y Booker T. Washington presionando por agendas progresivas y teníamos muchos grupos religiosos y civiles también presionando para lograr cambios. Fueron los grupos religiosos y los grandes despertares de la época los que fueron esenciales para esa era progresista. Existía un sentido de que nos íbamos a autodestruir a menos que limpiáramos las cosas.
Así que en la misma forma que lo hicimos en el siglo XIX tendremos que cooperar y canalizar la rabia presente en una búsqueda progresiva global de respuestas. Las buenas noticias son que en el largo plazo la religión será uno de nuestros grandes aliados- no nuestro enemigo, no un factor complicado y no una señal cierta de que viene el Armagedón.

EN: Al comienzo de esta entrevista Usted señaló que le gustaba leer otras cosas aparte de la ciencia política. ¿Qué ha estado leyendo últimamente que lo esté ayudando a informar su propia gran estrategia?

TB: En este momento, ciencia ficción. Estoy leyendo Neuroromancer, el libro clásico de William Gibson. Pienso que la ciencia ficción está presentando miedos actuales en el contexto del futuro. Me parece interesante que durante un largo tiempo los villanos favoritos de la ciencia ficción hayan sido las corporaciones. Las historias a menudo muestran las inmensas divisiones que existen entre los que tienen y los que no y muestran una especie de capitalismo global rapaz. Es un capitalismo que no ha sido curtido  por el moldeado  del sistema que llega junto con el populismo y el progresismo. Así que yo diría que la ciencia ficción ha hecho un muy buen trabajo al presentarnos una serie de futuras distopías. Estas historias sugieren que así como proyectamos exitosamente este modelo capitalista estadounidense en un escenario global, nuestra falla al poner en movimiento el conmensurable cambio social y político para modelar las partes más rapaces de la globalización volverá para cazarnos. Ahora, es cierto que si la globalización es llevada a cabo como para seguir una moda, podría definitivamente evolucionar en un mundo de los que tienen y de los que no tienen. Pero creo que es un concepto demasiado tocado. Miren hacia Estados Unidos. Las inequidades más grandes en el ingreso fueron entre los años 1880 y 1890 hasta que una era de progresismo irrumpió. Es cierto, por supuesto, que globalmente no hemos sido exitosos en un cambio político y social a una velocidad que podríamos encontrar satisfactoria. Pero si miran hacia la historia americana fuimos bastante lentos en muchas cosas también. Así es que tenemos que ser pacientes y reconocer que hemos ganado la discusión fundamental sobre cuál es el tipo básico de modelo que el mundo seguirá.
Esa clase de confianza, de acuerdo a lo que pienso, es muy importante que Estados Unidos la pueda demostrar. Observen lo que está sucediendo hoy en día con el pánico financiero. Sé que cuando cosas como estas suceden existe siempre este schadenfreude que encuentra júbilo en Estados Unidos llegando a su punto máximo, como sucedió en 11 de septiembre. Pero yo alegaría que bajo eso, existe una intranquilidad mucho más significativa. La idea que algunos están expresando que nosotros como país no debemos creer durante más tiempo que nuestro modelo en ciertos aspectos es muy amenazante para otros. Al resto del mundo le gusta tenernos como modelo. Saben que es un modelo hacia el que tienen que moverse, aunque lo combatan un poco. A la gente le gusta tener ideales por los que luchar. Representamos la reinvención y la diversidad. Somos la primera cultura globalizada. Somos la globalización invertida. Hemos estado trabajando en la complejidad de la globalización durante mucho tiempo y aún estamos perfeccionándola. Me refiero a que cuando era un niño los policías del estado podían perseguir a un delincuente hasta la frontera del estado y hasta ahí podían llegar. Los estados son bastante diferentes entre sí. Si retrocedemos hasta en conteo de votos del 2000, nos damos cuenta que existen leyes estatales muy diversas en nuestro país. Así que aún estamos perfeccionando este modelo. No reconocemos la magnitud del hecho de que somos la más antigua y la más exitosa economía y unión política multinacional. Y esa es una inmensa responsabilidad porque si nos dividimos como país o fallamos en nuestra continua tarea de perfeccionarnos a nosotros mismos, habrá una gran explosión hacia el resto del mundo. Existe una lógica subyacente en este modelo de la que no se puede escapar. Esta señala que debemos aunar fuerzas, debemos cooperar, debemos integrar, debemos aumentar la seguridad colectiva, debemos aumentar la transparencia. Sólo somos los que han llegado más lejos y por eso subestimamos el poder de nuestro ejemplo y la responsabilidad que esto conlleva.

Traducción: Evelyn Body

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