¿EL ARMA SECRETA DE CHINA?

Una psicóloga evolutiva norteamericana encontró un indicador inesperado en la posible supremacía futura de China en el mundo: las adolescentes.
Por Elizabeth Debold*

Durante los años recientes, eruditos financieros y políticos han bromeado sobre los paisajes mundiales cambiantes al ver a dos gigantes, India y China, partir en la búsqueda del sueño capitalista de un estilo moderno de vida. ¿Alguno de ellos se va a parar en el escenario mundial con una clase de influencia, genio creativo e inspiración que pueda brindar una nueva era? Las apuestas están abiertas. Y hay un consenso que está emergiendo de que India, más que China, va a ser quien desarrolle ese escurridizo grupo de cualidades: la capacidad de innovar en forma creativa que impulsó la prosperidad económica de Estados Unidos y Occidente. Dos de los comentaristas más estimados de los Estados Unidos, el columnista de asuntos exteriores del New York Times Thomas Friedman y el gran economista Milton Friedman, han observado que la sociedad cerrada china y su colectivismo presentan obstáculos formidables para el avance del país. Y notan que India, por otro lado, comparte con Occidente una forma de gobierno democrática y una economía crecientemente liberalizada. Y más allá de eso, muestra una capacidad creciente de innovación técnica.

Pero este otoño, en el curso de mi trabajo dirigiendo un programa de líderes en una estupenda escuela independiente de niñas, fui testigo de algo que me hizo preguntar si no estaremos equivocados, o si la imagen quizás sea más complicada e interesante. Esta escuela en particular atrae niñas con buenos recursos de toda Asia, muchas de Corea, un puñado de Taiwan, Japón y Hong Kong, y algunas pocas de India. Este año escolar vio también un influjo de escolares de China quienes, como audazmente se describe una de ellas, son “ricas y bellas”. Son las hijas únicas de capitalistas exitosos y afluentes, con los flamantes nuevos medios para enviar a sus hijas al otro lado del mundo para que vayan a la escuela. Y lo que luego vi en una estudiante china , me quitó la respiración. Estas chicas son diferentes a cualquiera con quien yo haya trabajado o conocido. Y no me estoy refiriendo a diferencias culturales. Son los aspectos en los que son distintas y el significado de esa diferencia lo que me dejó pensando de otra forma sobre el rol de China en el futuro. Mientras la vasta mayoría de las adolescentes quiere quedarse en cama por una semana si tienen una espinilla en la nariz o se aterrorizan de salirse de los límites de la camarilla y las convenciones, las chicas chinas están haciendo preguntas, empujando los límites y tomando riesgos intelectuales y sociales. Una estudiante, con apenas dos meses de inmersión en un ambiente de habla inglesa, se ofreció para dar una importante presentación en la asamblea escolar. Otra, quien realmente luchaba para hablar inglés, participaba repetidamente en ejercicios de juegos de rol en los que tenía que improvisar oralmente frente a sus compañeras. No conozco adolescente alguno –sea hombre o mujer- que se arriesgue de esa forma a una potencial humillación o tiente a un juicio por parte de la corte de sus pares de esta manera. Las chicas chinas hacen esto diariamente, y con aplomo. Con una tenue cantidad de gramática inglesa, se lanzan a participar en discusiones en clase a menudo hablando con una mezcolanza de palabras apenas sostenidas entre ellas, que se impulsan en un torrente de deseo de expresarse a sí mismas. Es como mirar a alguien que salta de un risco y luego se dispara para todas partes en el aire. Se comunican casi desafiando la ley de la gravedad (y de la gramática) con su propia voluntad. Un fuego está ardiendo en estas chicas, un hambre por saber, pensar, experimentar y crear. Están ascendiendo hacia el poder creativo de ser un individuo, hacia el potencial alucinante de ser un agente autónomo con ojos en el futuro. Para alguien que ha pasado un milenio en un feudalismo seguido por la frecuentemente brutal estrategia colectivista del maoísmo, este despertar hacia el individualismo es casi milagroso.

Creo que es difícil para aquellos de nosotros que nacimos en Occidente, particularmente en este tiempo, reconocer que nuestro sentido de individualidad es algo que raramente se consigue. Tendemos a tomar la experiencia de ser un individuo separado como algo tan garantizado, que raramente nos detenemos a considerar de que la mayoría de las personas en el mundo no tienen un sentido del ser tan altamente definido. Muchos de aquellos con quienes compartimos este planeta se ven a sí mismos como parte de una red familiar o una casta o una clase. Sus reglas de vida son dictadas por su ubicación en esa red o en la estructura jerárquica. De hecho, una colega psicóloga de la escuela se dio cuenta de que cuando les pregunta a las chicas de Asia sobre sus objetivos profesionales, usualmente responden: “Mi familia dice que necesitamos un ingeniero. Tenemos demasiados doctores, así que yo seré ingeniera”. La pregunta de mi colega sobre lo que ellas quieren individualmente, para ellas, no les parecía relevante. Esta es una expresión de una forma de pensar colectiva. Los deseos de la familia de uno o el grupo están por sobre cualquier deseo individual que uno pueda tener. Una forma de pensar así realmente no logra comprender o valorar la libertad de elección individual. Cuando entonces le dije a mi colega que muchas de estas niñas chinas no expresan una mentalidad colectiva y están, de hecho, individualizándose, me miró ligeramente sorprendida y estuvo de acuerdo, reconociendo lo importante de un paso como este en el desarrollo. Aunque esté lejos de lo políticamente correcto decirlo, sólo Occidente (y no todos en Occidente) han hecho una verdadera transición desde el colectivismo al individualismo. Históricamente, ese cambio sucedió en el 1600, durante el período que llamamos la Iluminación Occidental. Dejando atrás las rígidas jerarquías feudales y los estrechos confines de las normas de la iglesia, surgió una nueva forma de pensar que enfatizaba la creatividad y autonomía del individuo en lugar de obedecer a los nobles o a la iglesia. Esta liberación del corazón y la mente es la plataforma sobre la que se alzan los pilares del mundo moderno: democracia, innovación tecnológica y científica, y la economía capitalista. Estas estructuras sociales, que se desarrollaron en el comienzo de la modernidad, fueron posibles gracias al recién empoderado individuo. Y es este salto hacia el individualismo creativo en las estudiantes chinas lo que me deja sin respiración.

Ahora, por supuesto, mi “muestra” es extremadamente pequeña, no incluye ni siquiera hombres. Pero la transformación de conciencia que estas niñas representan no puede estar aislada en las pocas adolescentes que se hicieron camino hasta esta escuela en particular. Suficientemente sorprendente, la política china de un solo hijo, ahora combinada con un fervor por el capitalismo emprendedor, puede haber creado el contexto perfecto para que surja una generación de chinos que salte más allá de los confines del pensamiento colectivo. Este desarrollo podría unir Occidente con China en una visión compartida que corre más profunda que las diferencias sociales, económicas o políticas que nos dividen. Como notó la docente, aunque distintas partes de Asia han sido democráticas por décadas, extrañamente las chicas chinas se sienten más “como nosotros”. Mientras le costaba articular que significa “como nosotros”, mi colega estaba apuntando a la distinción que estoy haciendo: Las chicas chinas comparten nuestra motivación por el logro individual, el pensamiento independiente y la innovación, lo que no es simplemente inteligencia o la capacidad de que les vaya bien en la escuela. Muchas de las chicas coreanas, taiwanesas, de Hong Kong, y también las indias, son personas de logro. Se expresan hermosamente en las artes y las ciencias. Pero sus ímpetus por la vida, su motivación central parece ser distinta. Se esfuerzan por honrar a sus familias y ser vistas como buenos ejemplos adecuándose a su alto estrato social. En general, no toman los riesgos que definen al individuo autónomo que va a cambiar el futuro.

Ese tomar riesgos es lo que me mantiene al borde de la silla, con el corazón en la boca, mientras veo a las chicas chinas saltando más allá de las reglas de la gramática. La liberación interna que apunta a sugerir que esta próxima generación de chinos puede verdaderamente hacernos sudar. Por último, tal libertad de la mente y el espíritu humano puede ser una determinante más significativa que las condiciones económicas o políticas actuales para quienes tendrán sus manos en los volantes mientras todos aceleremos hacia el futuro.

*Elizabeth Debold, D.Ed, editora senior de EnlightenNext, es una investigadora pionera en desarrollo humano y temas de género. Es co-autora del best seller La revolución Madre Hija (Mother Daughter Revolution). Para más información (en inglés) visita: enlightennext.org/debold

 

Traducción: Bárbara Partarrieu

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