BUCKMINSTER FULLER: PRIMER POETA DE LA TECNOLOGÍA

A Comienzos de 1927, un joven inventor llamado Buckminster Fuller se paró al borde del Lago Michigan  considerando el suicidio. Habiendo recién perdido a su hija debido a la polio y despedido de su trabajo, el veterano de la primera guerra mundial de treinta y dos años meditaba sobre si el universo sería un mejor lugar sin él, cuando súbitamente fue presa de una visión que alteraría dramáticamente su vida. Escuchó una voz interior que le decía, “tú no tienes derecho a eliminarte Tú no perteneces a ti. Tú perteneces al universo”.

Este fue el nacimiento del Buckminster Fuller que conocemos hoy: quien dio a conocer el domo geodésico, un temprano pionero del pensamiento integral y una de las mentes más brillantes del siglo veinte. La experiencia en el lago inspiró a Fuller a embarcarse en un experimento de más de cincuenta años en el potencial humano en el cual usaría su propia vida para “descubrir de qué era capaz el individuo más insignificante y pobre en beneficio de la humanidad toda”. Y descubrió un montón.

Al momento de morir “Bucky” en 1983, con ochenta y siete años de edad, sus edificios inspirados en el diseño de su domo geodésico cubrían mayor superficie que la de cualquier otro arquitecto en la historia. Había publicado veintiocho libros, dado más de dos mil charlas en más de quinientas universidades alrededor del mundo, aparecido en la tapa de la revista Time y recibido la medalla presidencial de la libertad.

A Fuller lo movía un tipo de humanismo eco-tecnológico de inspiración mística que el mundo nunca ha visto antes. Habiendo crecido durante el renacimiento tecnológico del siglo veinte, él creía que el recientemente descubierto poder de la máquina era inseparable de la fuerza espiritual del universo. Y estaba convencido que al controlar el nuevo potencial tecnológico era posible “elevar al 100% de la humanidad a un nivel de éxito antes inimaginado”. El objetivo de su trabajo, al que llamó “ciencia de diseño comprensivo anticipativo”, era repensar y rediseñar casi todo, desde nuestros autos y casas hasta el lenguaje y las instituciones políticas.

Mientras Bucky inventaba incontables aparatos futurísticos, su mayor contribución a la humanidad puede haber sido su dinámica y profunda orientación altruista hacia la vida, lo cual resumió en  su libro de 1970, I Seem To Be A Verb (Parezco ser un Verbo): “Vivo en la Tierra actualmente y no sé lo que soy. Sé que no soy una categoría. No soy una cosa – un sujeto. Parece que soy un verbo, un proceso evolutivo – una función integral del universo. “Pocas personas han escuchado de su auto triciclo Dymaxion o su tablero interactivo de juego gigante para la paz mundial. Pero el legado de Fuller vive en los corazones y mentes  de aquellos a quienes él inspiró a verse a sí mismos como componentes esenciales de “un universo en eterna regeneración”.

 

Traducido por: Alejandro Ergas