AGUA, AGUA POR TODOS LADOS

Jim Garrison tiene una misión –una misión de diez años, para ser exacto- de “enverdecer” la economía global y reducir las emisiones de carbono en un 80 por ciento para el año 2020.
Entrevista de Ross Robertson

El 12 de noviembre, su Foro sobre el Estado del Mundo tendrá su conferencia 2009 en Washington, con el objetivo explícito de llamar la atención del planeta sobre la inmediatez y urgencia de la crisis climática. Durante los próximos diez años, esta asamblea internacional de líderes políticos y corporativos, ciudadanos e instituciones se va a estar reuniendo alrededor del mundo, desde China hasta Holanda, India y Brasil, en un esfuerzo concentrado de poner en movimiento los niveles de apoyo público y voluntad política necesarios para salvar a la especie humana de un decidido apocalipsis acuático. Y quizás lo más significativo es que van a estar enmarcando, dándole forma y evaluando todo este trabajo en el contexto del más moderno,  progresista y prometedor set de principios organizacionales que conocen: la teoría integral. Garrison, quien fundó el Foro del Estado del Mundo en 1995 en colaboración con Mikhail Gorbachev, no es nuevo en esto de vivir una vida con un sentido misionario del destino. Como Robert Hager, uno de sus compañeros de los años noventa, dijo: “Jim nunca ha tenido planes menos elevados que el cosmos y el amplio firmamento de Dios”. Quizás sea simplemente que crió al hijo de un misionario en China, o quizás sea el hecho de que su larga pasión intelectual por la teología, la filosofía y el trabajo de Carl Jung le han dado un rico sentido de las fuerzas arquetípicas profundas que mueven la historia de la humanidad. Pero cualquiera sea el caso, hay poca duda de que Garrison tiene una habilidad para leer las hojas de té culturales y alcanzar el significado político e incluso espiritual de las causas progresistas. De hecho, con dos grados de la Escuela de Divinidad de Harvard y un PhD en Teología Filosófica de Cambridge, este filósofo-activista y autotitulado “académico en recuperación” siempre ha sentido la necesidad de infundir los movimientos progresistas con una sensibilidad moral y espiritual. A comienzos de los ochenta,  en respuesta a la revolución Reagan y la aparición de la derecha religiosa, él co-fundó el Instituto Crístico, una empresa de interés público en Washington, que lideró las causas de inclinación de izquierda, cuyo nombre fue sacado de de una frase del libro El Corazón de la Materia, del sacerdote jesuita Teilhard de Chardin. El equipo legal del Instituto Crístico se hizo de su propio renombre al defender exitosamente un buen número de causas de derechos civiles. Asimismo, muchos de ellos tuvieron que ver en la representación de Karen Silkwood en su caso contra la Corporación Kerr-McGee.

Después de ese tiempo en Washington, Garrison tomó dirección oeste hacia California y terminó en el Instituto Esalen, donde se desempeñó como Director Ejecutivo del Programa de Intercambio Soviético-Norteamericano desde 1986 a 1990. A través de las múltiples conexiones que hizo en esos días de “diplomacia de jacuzzi”, en 1991 avanzó para crear la Asociación Internacional de Política Extranjera con el ex Ministro Soviético Eduard Shevardnadze y el ex Secretario de Estado de los Estados Unidos George Schultz. Para entonces, la Guerra Fría estaba terminando y dejando un mundo más incierto y caótico que se globalizaba a paso furioso. Entonces, Garrison reunió fuerzas con Gorbachev para crear el Foro sobre el Estado del Mundo como “una incubadora, un catalizador integrador para líderes innovadores e instituciones que trabajan para lograr mayor igualdad, democracia y responsabilidad en la globalización y el gobierno global”.

Previas iteraciones del foro en San Francisco, Nueva York, Londres, Ciudad de México y Bruselas han tratado los desafíos de la democracia y la sustentabilidad en un mundo globalizado desde varios ángulos diferentes: políticos, sociales, éticos, económicos, científicos y espirituales. Garrison planea tomar esta misma aproximación amplia en el tema del cambio climático. De hecho, no sorprende que su más reciente iniciativa planee “refractar” las complejidades no paralelas del cambio climático a través de los lentes de la filosofía integral. Es uno de los pocos sistemas de pensamiento que tiene el poder de capturar la realidad multidimensional de este tema crítico y, al hacerlo, ayudar a clarificar y empoderar nuestra respuesta. Como observa Garrison, “es sorprendente que al tiempo que el calentamiento global amenaza al mundo y nuestras estructuras financieras y económicas están colapsando, nuevos valores sociales emergen junto con las apreciaciones, habilidades y la tecnología que puede darle forma a un futuro sustentable y lo suficientemente resiliente como para encontrarse con los desafíos que nos afectan”.

EnlightenNext se puso al día con Garrison tras su regreso de un reciente viaje a Brasil, donde estuvo estableciendo nuevas relaciones y conexiones y trabajando para movilizar a las generaciones de políticos brasileños que vienen para que lideren el camino con esa chispa creciente, políticamente sensible, globalmente relevante y espiritualmente urgente.

ENLIGHTENNEXT (EN): El Foro sobre el Estado del Mundo 2009 se llama “La real crisis del cambio climático: La verdad no es suficiente”. ¿Cómo describiría su visión para esta conferencia?

JIM GARRISON (JG): Bueno, el título de la conferencia representa el desafío que queremos tomar: que la verdad por sí sola no es suficiente para lograr una acción. Hay una fuerza muy poderosa en la psiquis humana que nos habitúa en la negación y el letargo, y con la simple presentación de los hechos sobre el cambio climático, tan directos como son, no es suficiente para prevenir lo que los científicos nos están diciendo puede ser una catástrofe absolutamente sin precedentes. Entonces nos asociamos con Ken Wilber y estamos usando la teoría integral –quizás por primera vez, al menos en un nivel internacional- como el sistema operativo para la conferencia. En particular, creemos que la noción de Ken sobre los cuatro cuadrantes puede ayudar a motivar a las personas para que se interesen en la clase de cambio valórico que se requiere para moverse de manera concertada para tratar el calentamiento global.

EN: ¿Qué es exactamente lo que ha sido tan empoderador para Usted en la perspectiva integral en términos del encuentro con los enormes desafíos del cambio climático?

JG: Pienso que los cuatro cuadrantes son el mejor lugar para empezar a desafiar a las personas para que tomen seriamente la idea de que tenemos tanto valores personales como valores colectivos, y que realizamos acciones personales y acciones colectivas. Y es sólo cuando esos cuatro aspectos de nuestra humanidad común empieza a hacer sinergia que podemos alcanzar un cambio significativo.
Es realmente fácil para nosotros sentarnos en nuestros sofás y decir que el gobierno tiene que hacer esto y el gobierno tiene que hacer lo otro, eso es tan insostenible como las corporaciones y los políticos que criticamos. Manejamos autos con combustibles fósiles. Vivimos en inmensas casas ineficientes. Comemos montones de carnes rojas, sabiendo o no sabiendo que la producción de carne para nuestras mesas es completamente insostenible y un contribuyente mayor al calentamiento global. Entonces, no es suficiente para nosotros decir que el gobierno debe reducir sus emisiones de carbono en un 80 por ciento sin que al mismo tiempo entendamos que como individuos, como familias y como comunidades tenemos que comprometernos con el mismo tipo de transformación –la misma evolución de valores, intenciones y conductas- que le estamos exigiendo a nuestras corporaciones y nuestros gobiernos.
Por primera vez en la historia, la urgencia de la crisis es de tal magnitud que todo tiene que cambiar simultáneamente. Y la teoría integral es una de las mejores herramientas que nos permiten, casi científicamente, entender qué significa eso.

EN: ¿Cómo se imagina que sería una aproximación integral al cambio climático en la práctica?

JG: En el Foro 2009, por ejemplo, más que organizar una conferencia donde (como sucede a menudo) tienes mayormente paneles, sesiones plenarias y talleres (principalmente cabezas parlantes), vamos a usar la teoría integral para dar forma a un proceso más dinámico que va a llevarnos en cierta dirección. Durante la mañana del primer día, tendremos varias figuras importantes – Rajendra Pachauri, la cabeza del Panel Intergubernamental de Cambio Climático (IPCC); Lester Brown, líder del Instituto Worldwatch y autor de Plan B 3.0: Movilizándonos para salvar a la Civilización; y Jin Hansen, un jefe científico de la NASA que ha estado llamando la atención sobre el cambio climático por 30 años –mostrando la urgencia de lo que nos estábamos enfrentando. Luego presentaremos la perspectiva integral y explicaremos teóricamente por qué, para poder realmente lidiar con el calentamiento global, tenemos que tratarlo desde el punto de vista tanto de valores como hechos, tanto a nivel personal como a nivel colectivo. Luego, a medida que los diferentes problemas vayan surgiendo en los próximos años, vamos a refractar esos problemas a través de los cuatro cuadrantes y usar ese marco para examinar las complejidades del cambio climático. Hacia el final de la conferencia, ojalá las personas se vayan con un sentido mucho más profundo de la relación entre los factores que conocen y los valores que éstos sostienen. Y por eso, van a tener una idea mucho más clara de lo que necesitan hacer tanto individual como colectivamente.
Con esta conferencia, el Foro sobre el Estado del Mundo comienza un proceso de diez años en el cual nos estaremos encontrando en una ciudad diferente del mundo cada año. Estaremos en Brasil en el 2011, probablemente nos encontremos en La Haya. En este momento estamos conversando sobre reuniones en India, el Medio Este, China, Rusia, Australia y el sudeste Asiático. Y todo este proceso va a evolucionar con el tiempo. Estamos empezando con los cuatro cuadrantes porque es el aspecto más simple y más fundamental de la teoría integral. Pero a medida que nos movemos a través de los países y las culturas cada año, vamos a ir construyendo sobre la complejidad de lo que la teoría integral puede hacer para informar los problemas que están surgiendo en el mundo a medida que nos movemos en el tiempo. Vamos a estar explorando las diferentes etapas del desarrollo personal y moral, los distintos tipos de inteligencias que pueden usarse para tratar estos problemas y más.

EN: Eso suena fantástico, Jim. Soy curioso: ¿Por qué ve el cambio climático como el problema más urgente que estamos enfrentando ahora? Dadas tantas otras situaciones de presión global, ¿por qué este está al frente y al centro?

JG: Para mí, todos los demás problemas, con la posible excepción del tema de las armas nucleares, son un subconjunto del problema del cambio climático y van a ser resueltos satisfactoriamente en el grado en que resolvamos el cambio climático. En este momento, estamos desencadenando 70 millones de toneladas de emisiones globales de gas invernadero a la atmósfera cada día, y hemos estado emitiendo CO2 por los últimos 300 años, desde el comienzo de la Revolución Industrial. Los últimos diez mil años de civilización humana han sido vividos en condiciones climáticas relativamente estables, con CO2 atmosférico a apenas 280 partes por millón (ppm). Y en el espacio de sólo un par de siglos, hemos aumentado ese nivel a 385 ppm y ahora estamos cerrando en 400 ppm. La última vez que esto sucedió fue hace 55 millones de años cuando, creen los científicos, un meteoro embistió a la tierra y movió el eje del planeta. Las temperaturas globales se elevaron entre cinco y 8 grados centígrados, tras lo cual hubo cambios climáticos dramáticos y aproximadamente un 70 por ciento de las especies de la tierra, incluidos los dinosaurios, se extinguieron. Tomó 200 mil años para que el planeta retomara su equilibrio, un equilibro que sostuvo hasta la Revolución Industrial.
De acuerdo a un estudio recién lanzado por el MIT y la Universidad de Pennsylvania, incluso si todos los gobiernos del mundo cumplieran con el cien por ciento de los acuerdos que están actualmente negociando para reducir las emisiones de carbono en un 80 por ciento para el 2050, las concentraciones de carbono continuarían subiendo sobre los 600 ppm y las temperaturas globales van a aumentar entre cuatro y siete grados centígrados. El Stern Review sobre la Economía del Cambio Climático concluyó que un incremento de esa magnitud llevaría a una catástrofe “fuera de cualquier experiencia humana conocida”.  Y la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica está diciendo que incluso si vamos a cero emisiones en este momento – en todo el mundo, instantáneamente, mañana en la mañana- los efectos continuarían con nosotros por los próximos mil años como mínimo.
En este momento, el hielo de Groenlandia se está derritiendo a tal tasa que cada 24 horas, el agua que entra al océano alcanza para cubrir el estado de Texas con 4 metros de profundidad. ¡Cada 24 horas! Hasta hace dos semanas, la mayoría de los científicos creía que la Antártida no estaba siendo afectada por el calentamiento global. Pero ahora están diciendo que se está derritiendo tan rápido como Groenlandia y que los cascos de hielo más grandes se están moviendo hacia el mar de 40 a 70 veces más rápido de lo que lo hacían en 1970. Si todo el hielo de Groenlandia se derrite, los mares van a subir mundialmente al menos 3 metros. Dupliquen eso con la Antártida, y ese es un incremento mínimo de 6 metros en los mares del mundo. Piensen por un minuto qué significa eso. Nueva York, Miami, San Francisco, Río de Janeiro, Sidney, Hong Kong, Tokyo, Tel Aviv, Roma, Londres: todas van a ser confrontadas con 6 a 9 metros de agua. Las islas Maldivas están comenzando a hablar de una posible evacuación a India en las próximas décadas porque pueden ver que van a estar completamente bajo el agua.
Asimismo, el clima está cambiando dramáticamente. Desde 1987, el número y frecuencia de los eventos de clima extremo se han cuadruplicado. Eso significa que ahora tenemos en una semana lo que antes teníamos en todo un mes, 25 años atrás. A parecer, cada par de días escuchamos sobre enormes tornados en las noticias, incendios en Australia, terremotos o huracanes en alguna parte. Estiman que el suministro mundial de alimentos va a ser reducido en 5 por ciento simplemente por la sequía. Hay sequía en Australia en este momento, sequía en el norte de China afectando la siembra de trigo de invierno en la India, sequías en el Medio Este. No ha habido una gota de lluvia en Kenya en los últimos 18 meses, y Argentina, uno de los mayores exportadores de trigo del mundo, va a ver una reducción del 50% en su cosecha de trigo del 2008 al 2009.
Y ese es sólo el problema del alimento. Consideren que por el calentamiento global, las vastas estepas de Siberia se están derritiendo. En el último par de millones de años, la tundra siberiana ha estado congelada, pero ahora hay gas metano derramado sobre la superficie. El metano contribuye 20 veces más que el carbono al calentamiento global y el mes pasado los científicos decían que la cantidad de metano que ha sido liberado a la atmósfera es ahora equivalente a toda la cantidad de CO2 que se produce humanamente. Pero hay una diferencia muy importante. Podríamos ser capaces de reducir la producción humana de CO2 pero no hay nada que podamos hacer para detener el derretimiento de la tundra. Y no es solamente el derretimiento de la tundra. Con el derretimiento del hielo de la Antártida, también tenemos el metano burbujeando desde el suelo submarino. Tenemos inmensas áreas hirvientes en el mar donde los niveles de metano ahora son cien o doscientas veces las cantidades antecedentes.
Como dijo Rajendra Pachauri, la jefa de IPCC, cuando aceptó el Premio Nobel de la Paz en el 2007 en Oslo, “si no actuamos antes del 2012, estas fuerzas ecológicas pueden hacer sinergia más allá de cualquier capacidad humana para influenciar estos eventos”. Ahí es donde estamos. Y por eso es que el Foro sobre el Estado del Mundo convoca a hacer este llamado urgente a cambiar nuestros estilos de vida personales. Nuestros gobiernos básicamente tienen que hacer para el 2020 lo que están actualmente hablando que van a hacer para el 2050, porque si no cambiamos nuestra velocidad, todo lo que hemos construido en los últimos diez mil años va a quedar sepultado en una catástrofe que va a ser sólo gatillada por nuestra incapacidad de cambiar nuestras formas. Es una situación extraordinaria cuando realmente piensas en ella. Estamos en un precipicio. Si no despertamos en los próximos 24 meses y realizamos acciones muy concertadas, vamos a ser recordados como la generación que dejó que todo el abanico de la civilización humana quedara esencialmente bajo el agua porque no pudimos reunir nuestras acciones para hacer algo. Pero si lidiamos con esto, si nos comprometemos en una campaña de 10 años para “enverdecer” la economía y lo hacemos en el mismo espíritu que le permitió a la administración de John Kennedy poner un hombre en la luna en diez años, entonces yo estoy absolutamente convencido de que podemos cambiar.

EN: Cuando presentas todos los hechos de esa forma, ciertamente no es difícil visualizar imágenes terroríficas de Apocalipsis. De hecho, uno de los temas más interesantes que hemos estado explorando en esta edición tiene que ver con estas dinámicas de cambio y colapso y la pregunta: ¿Necesitan las cosas desarmarse para que puedan mejorar? Algunas personas dicen que un colapso total sería algo bueno porque dejaría todo en cero y nos permitiría construir algo nuevo. Puede incluso haber una suerte de celebración displicente en algunos ambientes ante el prospecto del tipo exacto de Armagedón que los científicos nos venían advirtiendo. Otras personas dicen, bueno, por supuesto no tendría que ser así si decidiéramos hacer algo. Y aún más, si las cosas se desarman en forma muy grave, quizás volvamos a un modo de supervivencia. Podríamos encontrar a nuestra sociedad tan completamente fracturada que no podríamos avanzar de ninguna manera. ¿Cuál es su posición en esta dinámica?

JG: Bueno, tengo un par de perspectivas. La primera es la más cósmica, supongo, y es que ha habido cinco grandes cataclismos en la historia de la Tierra durante los últimos 4 mil millones y medio de años, en el medio de los cuales entre el 50 y el 90 por ciento de todas las especies desaparecieron. La extraordinaria similitud entre los cinco colapsos es que cuando la vida se reconstituye a sí misma, algunas veces varios cientos de millones de años después, siempre lo hace en un nivel más alto de complejidad. Lo que me indica que la vida es extraordinariamente resiliente y va a atravesar esto de una manera que va a sostener a la vida misma.
La segunda perspectiva, como el biólogo canadiense David Suzuki señala, es que el 95 por ciento de todas las especies que alguna vez vivieron durante el curso de la historia de la Tierra se encuentran actualmente extintas. Por lo que la extinción, no la supervivencia, es la norma. Sobrevivir en este proceso que llamamos vida requiere acuciosidad y adaptabilidad. Y una de las lecciones de esas pequeñas especies que sobrevivieron las cinco extinciones históricas masivas es que eran pequeñas, redondas y cooperativas. Debiéramos todos tener eso en mente cuando pensemos en atravesar esta etapa.
La tercera perspectiva es un punto que destacó Jesus, de hecho, alrededor de la última cena y la traición de Judas. Dijo: “Se necesita que el hijo del hombre deba morir, pero ay de quien traicione al hijo del hombre. Va a ser mejor para él que se ponga una piedra alrededor de su cuello y se lance al mar” El punto aquí es que puede haber una crisis inevitable, pero ay de quién se paró allí durante el tiempo de crisis y o bien ayudó a la crisis o dejó que sucediera. Allí es donde está la verdadera transgresión. Entonces, en un nivel, es cierto que la vida es resiliente y que va a emerger a través de la catástrofe. Pero estamos parados aquí como una raza ahora en el 2009, en el borde del precipicio, y tenemos algunas elecciones fundamentales que hacer.
Creo que lo que distingue a la especie humana de cualquier otra especie no es que tenemos un lenguaje y no es que tenemos herramientas sino que somos la especie más adaptativa y resiliente del planeta. Hemos podido defendernos en cada nicho ecológico desde los desiertos a la nieve. Podemos resistir y adaptarnos a casi todo. Entonces sabemos al entrar en esta crisis que tenemos capacidades extraordinarias para poder ser flexibles y movernos rápido. Lester Brown usa a menudo el ejemplo de Pearl Harbor en diciembre de 1941. Los Estadounidenses eran perezosos. No querían tener nada que ver con la guerra. Frente a los Nazis y el Japón imperial, estaban en el mismo estado de negación que estamos nosotros frente al calentamiento global. Y así, seis semanas después, Franklin Roosevelt dijo: “Nos vamos a movilizar”. La mayoría de la gente no recuerda, pero durante la Segunda Guerra Mundial, los estadounidenses no podían comprar autos nuevos porque la General Motors y Ford y Chrysler estaban todas construyendo tanques y bombarderos e instrumentos de guerra. Los Estados Unidos cruzaban simultáneamente el Pacífico y combatían a los japoneses y cruzaban el Atlántico y combatían a los Nazis, un logro que ningún analista militar en ese tiempo creía que fuera remotamente posible. De hecho, fue una de las razones por las que los Japoneses atacaron en primer lugar. No era concebible para los alemanes y los japoneses que los Estados Unidos pudieran pelear una guerra de dos frentes a través de dos vastos océanos y ganar. Pero lo hicimos, y es por esto que esa generación ha sido llamada “la gran generación”. Lo hicieron porque se movilizaron y se hicieron la idea de hacer lo que fuera necesario.

Traducción: Bárbara Partarrieu

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