2013: O QUÉ HACER CUANDO EL APOCALIPSIS NO LLEGUE – Resumen

La creencia de que se aproxima el fin de mundo como lo conocemos puede parecer comprensible para quienes estamos viviendo en la primera década del siglo XXI, pero una mirada a la historia muestra que ha sido parte de la psicología occidental desde su comienzo.
por Gary Lachman

La figura central de la religión occidental, Jesucristo, dijo a sus seguidores que el fin estaba cerca y mucha gente que aceptaba a Jesús creyó que la última llamada cósmica ocurriría durante su tiempo de vida.  Sin embargo, Jesús trabajó dentro de la tradición de la era de oro judía, que esperaba la llegada del Mesías, un líder político religioso que arreglaría el mundo y que , incidentalmente, liberaría al Pueblo Elegido de quien quiera que lo hubiera conquistado en ese momento.  Como Jesús no liberó a los judíos de los romanos – ni fue aparentemente capaz de liberarse a sí mismo de ellos- los judíos que lo negaron parecen estar justificados en su incredulidad. Para ellos, y para los romanos, los cristianos que predicaban la llegada del Día del Juicio eran como los profetas urbanos que habitan la mayoría de las ciudades actualmente, vociferando en las esquinas y persiguiendo a los paseantes para que se arrepientan.

Tal como hicieron los posteriores estudiantes de escatología (el estudio del fin de los tiempos), los primeros teóricos cristianos eran adeptos a  manipular los escritos  y explicar por qué su propia cortina final no había bajado aún. Sin embargo, contra toda evidencia, la creencia en un final de una vez y para siempre permaneció siendo fuerte. En el año 156 DC por ejemplo, un frigio llamado Montanus declaró que era la encarnación del Espíritu Santo y que, de acuerdo con el Cuarto Evangelio, él revelaría lo que vendría, tal como la inminente llegada del reino de Cristo, quien descendería físicamente de los cielos y transformaría a Frigia en al tierra de los santos. Comprensiblemente, miles de cristianos se reunieron en Frigia para esperar la Segunda Venida. Nuevamente el fracaso de la llegada del esperado reino no hizo mucho para hundir la creencia de que eventualmente aparecería. Después de Montanus hubo varias otras falsas alarmas y todas terminaron de manera similar.

Irónicamente, la propia Iglesia se convirtió en un fuerte inhibidor del pensamiento apocalíptico. Para cuando llegó a ser la religión oficial del Imperio Romano, con el emperador Constantino a comienzos del Siglo IX, la idea de la venida del Apocalipsis era más una amenaza que una promesa. La Iglesia era la segunda organización más poderosa del Imperio y podía perder su estatus debido a que el fin del mundo no era atractivo.  Inspirada en el trabajo del teólogo Origen, del Siglo III, cambió el énfasis del Apocalipsis histórico al espiritual y desarrolló una escatología del alma individual. Esta idea fue muy bien aceptada por los cristianos más educados y de mejor situación. Pero el tema -más impresionante- del Apocalipsis en “la vida real”, permaneció como parte de la  visión de mundo de la gente común  y ha continuado siéndolo desde entonces; como bien se sabe  cualquiera que sepa de la enorme popularidad de las series de novelas apocalípticas.

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